Hay momentos en la vida en los que algo deja de encajar y uno se siente perdido. Lo que antes parecía estable comienza a sentirse extraño, vacío o insuficiente. A esto solemos llamarlo crisis vital y es importante saber que no es un signo de debilidad, sino una oportunidad para crecer y evolucionar.
¿Qué es una crisis vital?
Una crisis vital es un periodo de desequilibrio psicológico y emocional en el que las estrategias habituales para afrontar la vida dejan de funcionar. La persona siente que ha perdido claridad, dirección o sentido. Se trata de algo habitual pero que no todo el mundo escucha o reconoce. A veces, la persona puede sentirse atrapada en un ciclo de insatisfacción, ansiedad o tristeza, sin saber cómo salir de él.
Se trata de momentos de transición que requieren de un tiempo de reflexión y adaptación. Es una época donde suelen aparecer preguntas de estilo: “¿Estoy viviendo la vida que quiero?”, “¿Quién soy ahora?”, “¿Por qué ya no me ilusiona lo que antes sí?”, “¿Qué sentido tiene todo esto?” y un sin fín de preguntas que nos hacen replantearnos nuestra vida y nuestras decisiones.
¿Cómo surgen?
Las crisis vitales no aparecen de la nada. Normalmente son el resultado de varios factores que se acumulan hasta superar la capacidad de adaptación de la persona. Algunos detonantes pueden ser: Cambios importantes como separaciones, pérdida de empleo, migraciones o muerte de un ser querido, etcétera.
Se trata de crisis evolutivas donde la persona revisa sus expectativas de la vida que imaginaba y la vida real. Acumulación de malestar, después de donde se ha acumulado estrés, rutina, insatisfacción o desconexión emocional debido a una vida marcada por el piloto automático.
¿Cómo hacerles frente?
- Aceptar que algo está cambiando. Querer anclarse en la vida de antes, puede generar un mayor malestar, por lo que aceptar el cambio nos permite reconocer la realidad para poder actuar sobre ella.
- Evitar decisiones impulsivas. A pesar de que los cambios y las decisiones, serán necesarias, es conveniente distinguir entre una transformación reflexiva y una reacción desesperada al dolor o una huida hacia delante.
- Hablar y pedir apoyo. El aislamiento suele intensificar la crisis. Compartir lo que ocurre con personas de confianza ayuda a ordenar emociones y recuperar perspectiva.
- Revisar expectativas. Se trata de una época donde podemos cuestionar nuestras exigencias poco realistas para poder construir metas más acordes con los propios valores actuales.
- Recuperar pequeñas rutinas. Cuando todo parece incierto, los hábitos básicos ayudan a sostenerse al ofrecer estabilidad mientras estás reorganizando tu vida.
Para acabar, tenemos que tener en cuenta que la salud mental no es la ausencia total de sufrimiento, sino como la capacidad de adaptarse, encontrar sentido y seguir desarrollándose incluso en etapas difíciles.
Contacta con nosotros, pide ayuda
Si este es tu caso, y no sabes cómo enfrentarte a esta época, puedes consultar con nuestros profesionales y te ayudaremos a recorrer esta etapa. Es importante no ignorar la situación y poder buscar ayuda profesional ya que si no se afronta la situación, puede derivar en problemas de salud mental más graves como depresión, ansiedad o adicciones.