Poner límites a la familia es una de las tareas emocionales más difíciles, pero también una de las más necesarias para mantener una buena salud mental. Nuestra cultura identifica la familia como uno de sus pilares fundamentales. Crecemos con el dogma de que la familia es lo primero y tenemos que protegerla pase lo que pase. Pero ¿qué ocurre cuando es de ésta de la que nos tenemos que proteger?
¿Qué significa poner límites a nuestra familia?
Es necesario cuestionarnos todas las creencias y exigencias que giran entorno a la familia para poder actuar desde nuestra libertad y nuestros propios principios. No todas las familias son iguales y no siempre proveen lo mejor a sus miembros. No estar siempre disponible para nuestros padres, no darle nuestro dinero a cualquier familiar que nos lo exige, etc. no significa rechazar a tu familia o ser una mala persona.
Poner límites es definir hasta dónde puedes dar sin perderte por el camino. Si siempre accedes a todo por evitar conflictos, es probable que acabes sintiéndote agotado, frustrado o incluso resentido. Y ese malestar, tarde o temprano, también afecta a la relación. Los límites sanos protegen las relaciones, no las destruyen.
También es importante aceptar que puede que algunos familiares se molesten o no entiendan tu cambio al principio, especialmente si estaban acostumbrados a que siempre dijeras que sí. Esto no significa que estés haciendo algo mal. Estás cambiando una dinámica, y eso lleva tiempo.
Cómo poner límites sin culparte por ello:
• Empieza por límites pequeños No hace falta cambiar todo de golpe. Comienza con situaciones concretas y manejables. • Tolera la incomodidad inicial Sentir culpa al principio es normal. No significa que estés haciendo algo incorrecto. • Sé consistente Mantener tus límites en el tiempo es lo que hará que los demás los respeten. • Recuerda tus razones Tener claro por qué necesitas ese límite te ayudará a sostenerlo. • Rodéate de apoyo Hablar con amigos o profesionales puede reforzar tu confianza.
Normalizar el NO y la importancia de la comunicación
Poner límites no te aleja de tu familia; te acerca a una versión más auténtica de ti dentro de ella y eso ayudará a que tu relación familiar sea más saludable y respetuosa. A veces no es necesario cortar lazos o vínculos, simplemente con dosificar la relación y poner algunos límites claros, puede ayudar a que la relación mejore y a que te sientas mejor tú. De esta manera tus vínculos afectivos mejorarán y no se basarán ni en la culpa ni el miedo. A medida que pongas límites será importante también expresar tus necesidades de forma clara y perder el miedo al rechazo. No se trata de ser agresivo o de imponer tus normas, pero sí hablar de una forma más clara de tus sentimientos y necesidades.
Las relaciones sanas se basan en el respeto y la comunicación asertiva y eso también se aprende.