Decir ‘sí’ cuando en realidad queremos decir ‘no’ es una experiencia más común de lo que parece. Muchas personas viven atrapadas en esta dinámica en la que se priorizan las necesidades de los demás antes que las propias, creyendo que de esta manera actúan de forma altruista y bondadosa. Sin embargo, como veremos en este artículo, esta manera de actuar conlleva un desgaste a nivel emocional que puede tener consecuencias importantes.
¿Qué nos ocurre emocionalmente cuando no ponemos límites?
1. Agotamiento emocional y físico
Al ignorar nuestras propias necesidades, el cuerpo y la mente se unen para avisarnos de que algo nos está faltando. Igual que cuando pasamos un tiempo sin beber y el cuerpo nos indica que tenemos sed, si no respetamos nuestras necesidades personales y emocionales aparecen el cansancio crónico, la sensación de estar desbordados y la dificultad para descansar de verdad.
2. Resentimiento y enfado reprimido
Aunque al principio accedamos con buena intención, con el tiempo es habitual que surja enfado hacia los demás o hacia uno mismo, porque podemos tener la sensación de que la relación es desigual o injusta. Al principio este enfado suele reprimirse, pero aumenta la tensión interna y, con el tiempo, acaba expresándose de forma explosiva (con actitudes desproporcionadas y/o gritos) o de forma somática (dolores, molestias estomacales…).
3. Pérdida de identidad
Cuando nuestro foco se centra en los demás, poco a poco nos vamos desconectando de nosotros mismos, por lo que dejamos de saber cuáles son nuestros gustos, nuestros intereses, nuestros deseos y nuestras prioridades.
4. Ansiedad constante
Querer contentar a los demás va casi siempre acompañado de una serie de dudas sobre cómo lo hemos hecho y, especialmente, sobre qué pensará la otra persona. Como no podemos leer la mente de las demás personas, se tiende a entrar en un bucle de preguntas: ‘¿Estará enfadado?’, ‘¿habré hecho suficiente?’, ‘¿qué pensarán de mí?’.
5. Relaciones desequilibradas
No poner límites no mejora las relaciones. Al contrario, estos patrones construyen relaciones desiguales en las que una parte da y la otra recibe. Cuando la situación se mantiene en el tiempo, se puede generar dependencia, falta de reciprocidad y desgaste emocional.
El coste de siempre decir ‘sí’
El coste psicológico de siempre decir ‘sí’ es muy elevado, puesto que al ignorar nuestra propia necesidad nos damos el mensaje de que no merecemos que esta sea cubierta. Además, mantenerlo a lo largo del tiempo afecta a nuestro estado de ánimo y a nuestra autoestima, y crea una sensación de invisibilidad o de no ser valorados por el otro.
Por ello, y para acabar, queremos recordar que poner límites no es egoísmo: se trata de aceptar y reconocer los propios derechos emocionales, proteger nuestra salud mental y construir relaciones más auténticas.
Aprende a poner límites
Si tienes dificultades para poner límites o te has sentido identificado con las consecuencias de ser excesivamente complaciente, puedes contactar con nosotros. Desde el centro podemos acompañarte en este proceso de aprender y entrenar esta habilidad.